jueves, 5 de enero de 2012

Dinámicas sociales en Twitter.

La tecnología. Según la Real Academia Española, la Tecnología es, como definición principal, el "conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico". Claro está, que esta definición está alejada de lo que nosotros pensamos al escuchar esa palabra. Por otro lado, televisores LCD o LED TV, computadoras, notebooks, netbooks, smartphones, reproductores de MP3 o tablets, si son relacionados inmediatamente con el avance tecnológico. Uso esta introducción simplemente como marco, ya que no pretendo escribir sobre el avance tecnológico per se, sino sobre la influencia que este avance tiene en las dinámicas sociales a través de la red y, más precisamente, en Twitter.

La influencia que tiene internet en nuestras vidas es innegable. Google, Facebook, Twitter, Youtube, Hotmail, Gmail, por nombrar sitios populares, se aferraron a nuestra cotidianeidad al punto de generar una especie de simbiosis con sus usuarios. Porque es cierto que todas esas páginas, a fin de cuentas, dependen de nosotros. Pero también es cierto que nosotros dependemos de ellas. Por citar un ejemplo, hoy si no sabés qué significa algo, lo buscás en Google. Podrías ir a un diccionario, podrías preguntarle a alguien, pero ¿para qué? Es muchísimo más fácil y práctico abrir una pestaña del explorador y googlearlo. Otro claro ejemplo es el uso de Wikipedia como fuente universal para toda información que necesitemos. No nos importa que CUALQUIERA pueda editar los textos, no nos importa la confiabilidad de lo que estamos leyendo y no nos preocupa verificar que la información sea correcta. Si lo dice Wikipedia, debe estar bien.
Pensando un poco en estas cosas, recordé la frase "no tenés vida", haciendo referencia a que uno pasa demasiado tiempo en el mundo virtual y poco tiempo en el mundo real. Obviamente que hay casos extremos, de gente que no tiene ningún tipo de contacto con nadie, que se abstraen de la realidad por completo y se sumergen en esta realidad paralela que les ofrece la computadora o los videojuegos o lo que sea, pero son los menos. La realidad es que, hoy en día, al nuestras vidas depender tanto del uso tecnológico, la interacción por medio de redes sociales (Facebook, Twitter) es parte de la vida y, a modo de juicio personal, considero mucho más social, escribir en Twitter que mirar la TV, lo cual creo que es considerado una actividad más real.

Dicho esto, me adentro en el tema que me llevó a escribir esto: Twitter. No pretendo dar una lección sobre su uso, es una red social y cada uno la utiliza como quiere y para lo que quiere, pero si voy a dar mi opinión sobre lo que yo, personalmente, considero malos usos o, para ser más claro, "ser un pelotudo en Twitter". Hay gente que utiliza Twitter para seguir famosos, gente que lo usa sólo para leer y no participa activamente. La verdad que ambas posturas me parece más que válidas. En mi opinión, son usuarios pasivos. Yo considero a Twitter como un espacio para volcar ideas y, como tal, creo que su objetivo principal es que la gente te lea. El punto es cómo hacer que la gente te lea, y acá es donde surgen los pelotudismos twitteros.

El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es el "te sigo, ¿me seguís?". Para que te siga, me tiene que interesar lo que tenés para decir. No me hacés un favor siguiéndome y, por esto, no tengo ninguna obligación de retribuírtelo. Si encuentro algo que me atrae en lo que escribís, así lo expresaré mediante un follow, sino, no. 
De este primer ejemplo deriva el "unfollow back". Pareciera ser que, así como piensan que seguirme es un favor que me hacen, si los dejo de seguir soy una especie de traidor. Su castigo ante esta traición es dejarme de seguir ellos a mi también, como una especie de venganza. Me escapa el proceso mental que los lleva a pensar en un unfollow como algo personal, en vez de pensarlo como un "no quiere leerme y está en todo su derecho de no hacerlo". Porque si no te gusta lo que escribo, no entiendo para qué esperás a que te deje de seguir para hacer lo mismo. Y peor todavía, si de hecho te gusta lo que escribo y me dejás de seguir simplemente porque te resté una unidad en tu cantidad de followers, sos un boludo.
Otro ejemplo sería esas personas que a toda costa quieren llamar tu atención para ver si se ganan un follow. Te siguen, te dejan de seguir, te siguen de nuevo, se vuelven a arrepentir, te dan un millón de RTs, te llenan de estrellitas sin ni siquiera leer lo que escribís y así creen que uno, como agradecimiento por el apoyo recibido, los va a empezar a seguir. No me queda otra opción más que repetir lo que dije anteriormente: para que te siga, me tiene que interesar lo que tenés para decir. No necesito amiguismos ni un grupo de apoyo que me levante el autoestima haciéndome creer que escribo bien. 
Después, ya del lado de los que tienen muchos seguidores, se encuentran términos como: "pocosfologüers" y "mongoreply". Lo único que tengo para decir con respecto a esto es que, si considerás que tener más seguidores que otro te hace una persona de mayor valor, podrás ser alguien en Twitter, pero en la vida sos un idiota.
Por último, pero no por eso menos importante, lo que yo considero grupos de autoayuda. Lo raro de esto es que en general son personas con un gran número de seguidores y sería muy tonto de mi parte desmerecer su "talento" para escribir.  A uno puede gustarle o no, pero es innegable que son personas que tienen una forma de decir las cosas que le llega a mucha gente. El pelotudismo empieza cuando, por ser parte de este pseudogrupo de autoayuda, dejan de considerar el contenido y sólo les importa la persona detrás de ese contenido. Así, se llenan de estrellitas, de copitas, etc. Chucherías que se dan entre amigos, escriban lo que escriban. Como corolario, las personas de los ejemplos anteriores dan su apoyo a esto y así, personas que llegaron a tener una gran cantidad de followers en base a su calidad para escribir, terminan escribiendo cualquier idiotez sin contenido porque tienen esa seguridad de que su ego no se va a ver dañado por falta de laureles en Favstar. 
Podrán o no estar de acuerdo con esto, así como también podrán aportar varios ejemplos más, los cuales pueden dejar en la parte de "Comentarios". Es un tema puramente subjetivo y, como dije antes, cada uno lo utiliza como quiere. 


No se si debería intentar una conclusión con respecto a esto, ya que son meramente comentarios sobre dinámicas que observé en Twitter y no resisten mucho debate por estar sujetas a opiniones muy personales. Pero como último pensamiento se me ocurre que, si estas situaciones no se dieran, Twitter sería una herramienta mucho más poderosa, útil e interesante.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cultura de Neardental, Hombres de Cromañón.

7 años. Casi 1500 heridos. 194 muertos. Se cumple un nuevo aniversario de la tragedia de Cromañón, y al pensar en lo que pasó, tengo una rara sensación de que tanto fue hace muchísimo tiempo, como que también fue hace muy poco. Lo cierto es que, a pesar de que nos vamos acercando a la década, muchas heridas siguen abiertas.
Como parte del proceso curativo, de esa búsqueda por cerrar las heridas, uno busca culpables. Necesitamos ponerle caras a la desgracia, ver a alguien pagar por lo que le pasó a un ser querido. Nivelar la balanza. En este caso, cuando se habla de culpables, hay nombres que vienen instantaneamente a la cabeza: Patricio Pato Fontanet, Omar Chabán, Aníbal Ibarra. Lo que tal vez no viene a la mente es otro factor, indirecto pero determinante, que tiene un alto grado de responsabilidad en esta tragedia, así como también en muchas otras.

Ayer por la noche, perdiendo el tiempo en Twitter, me topé con unas observaciones que hizo @AdelfaIsNotDead con respecto a Cromañón. Cito textualmente algunas de ellas:


"7 años de Cromañon. Estaría bueno que algún día se debata en serio la responsabilidad de los que fomentaron la cultura del aguante".

"Se fomentó la irracionalidad camuflado de "folklore" y si no eras irresponsable entonces eras boludo. La culpa sigue siendo de los otros...". 

"Y aunque duela también es culpa del público del rock. Ibamos en una espiral que iban a tirar molotovs si una banda lo pedía".


Al leer esto, no pude evitar detenerme a pensar en esto de la "Cultura del Aguante". La vemos todo el tiempo: en la calle, en la cancha, en los recitales, en los boliches, en bares. La vemos en todos: chicos, adolescentes, grandes. Lo increíble de este fenómeno, es lo arraigado que está en toda la Sociedad, ya que no discrimina por raza, por clase social, por edad, ni ningún otro factor.
La Cultura del Aguante es esa competencia por ser el más heavy, el que más se la banca. En realidad es una forma primitiva de buscar aceptación y status entre los pares y, de esa forma, levantar la estima propia, pero esta no es la interpretación popular de tener aguante.

Las hinchadas intentando demostrar que son las más pesadas, a las que más se les debe temer, y de esta forma dejando muertos en el camino y arruinando al fútbol. Los adolescentes, cagándose a trompadas en la calle a la salida de un boliche, porque querer arreglar las cosas hablando es de cagón, pero patearle la cabeza a alguien que se cayó, no. Ladrones asesinando a alguien para robarle, por el simple hecho de tener un arma y no tener miedo de usarla. Mismo los chicos que terminan totalmente quebrados de alcohol a pesar de que tal vez no les gusta, pero no pueden decirle a sus amigos que no quieren tomar por miedo a la no aceptación. Pensando en estas cosas, es imposible no ver cómo esto tuvo responsabilidad en la tragedia de Cromañón. Porque el público de rock está lejos de ser ajeno a estas actitudes. 
Esta Cultura es fomentada por todos, combatida por pocos y ya forma parte de nosotros como una faceta más de nuestra personalidad. Se instaló como una forma más de ejercer supremacía sobre el resto, de ser respetado. Mientras que no haya conciencia de esto, tragedias seguirán pasando y las seguiremos lamentando.

Hoy, Patricio Fontanet tiene una banda llamada Casi Justicia Social. Omar Chabán fue condenado a 8 años de prisión. Aníbal Ibarra sigue en la política. Y la Cultura del Aguante también sigue, caminando entre nosotros, adentro nuestro y cobrándose víctimas mientras crece.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Melancolía.

Uno a veces se hace preguntas existenciales. No necesariamente en un plano demasiado profundo o inherente a los humanos como raza, plano filosófico si se quiere, sino relacionadas a cuestiones del plano personal. Ejemplos como "¿Qué voy a hacer con mi vida?" o "¿Qué estoy haciendo con mi vida?", las cuales son claramente diferentes, son las primeras en venir a mi cabeza, lo que supongo que las hace típicas. No es ninguna de esas dos preguntas que usé como ejemplo la cuestión sobre la que me quiero explayar.
Al finalizar de ver la película "Melancholia", de Lars Von Trier, me quedé pensando en otra pregunta, también aplicable a este plano personal:
 
"Si me muriera hoy, ¿qué hubiera logrado en mi vida?"

La diferencia fundamental entre las dos preguntas que había usado como ejemplos y esta pregunta central, es que en las primeras dos hay una completa incertidumbre mientras que la última es simplemente un proceso evaluativo. A lo que me refiero con esto es que el tono retórico de las dos primeras implica que, claramente, no sabés lo que estás haciendo o lo que vas a hacer con tu vida. Por otro lado, preguntarte qué lograste hasta hoy, es meramente evaluar los hechos más sustanciales de tu vida, tus logros, lo que te hizo feliz, si se quiere.
Entonces, mientras me preguntaba esto de mis logros, se me ocurrió extrapolar y convertir la pregunta personal en ese tipo de pregunta del plano filosófico al que hacía referencia al principio. Ese proceso me llevó a la siguiente pregunta:

"Si el mundo se acabara hoy, ¿cuántos estarían satisfechos con lo logrado en sus vidas?"

Ahora, no se si es por propio pesimismo, por error o por algún otro factor, pero se me ocurrió que la respuesta sería que no muchos lo estarían. Y al pensar en un por qué, llegué a una idea que puede ser cierta o no, pero que tendría un optimismo innato en ella.
Esa idea es que no alcanzamos ese nivel de satisfacción porque no podemos evitar poner en la balanza nuestros logros contra los logros ajenos. Y esta comparación pone en "desventaja" a la mayoría, porque son muy pocos los que cambian el mundo, los que salvan una vida. Con tanto peso del otro lado, ¿cómo inclinás la balanza para el lado de la satisfacción?

Como conclusión relacionada, pienso que estaríamos mucho más satisfechos si, en vez de compararnos constantemente, menospreciando nuestros logros porque alguien hizo algo mejor, lográramos simplemente valorarnos por lo que somos, por lo que hacemos bien y para bien, y así seríamos mucho más felices. Si en nuestra balanza pusiéramos nuestros logros contra nuestros errores, seguramente seríamos muchos más los que, si el mundo se terminara hoy, nos iríamos tranquilos por nuestro desempeño durante el tiempo que nos tocó vivir.

Hasta la próxima marea.

martes, 29 de noviembre de 2011

Las pijas de la vida (Vol. I)

"Las pijas de la vida". Me pareció un nombre apropiado para una sección del blog. La idea es enumerar bajo este título, momentos, situaciones, cosas con las que tenemos que lidiar en forma cotidiana y que nos hinchan soberanamente las pelotas.
La primera pija de la vida, que fue la inspiración para la creación de la sección, es el transporte público. Me pareció adecuado empezar por acá, ya que es algo que se sufre todos los días y que muchísima gente utiliza y por ende, se queja de él. ¿Qué decir del transporte público? A continuación, mi descargo para cada tipo de transporte:

1. Subte: Lo único positivo es que es rápido una vez que subiste. Pero después es todo una mierda: viajás todo apretado, te cagás de calor aunque sea invierno, no corre aire, el olor a culo te sofoca, demoras constantes, te dejan el subte parado 5 minutos por estación cosa de que tengas que aplicar Tetris para entrar y el riesgo de que te afanen es altísimo. Basicamente, una poronga de servicio.

2. Colectivo: Más ameno que el subte. Lento, hay líneas que tienen frecuencias lastimosas. A la madrugada tenés que tener un culo enorme para tomarte rápido el colectivo, lo que lleva a que te afanen por estar parado como un gil esperando.

3. Tren: Una garcha. Negrerío total, te afanan, están hechos mierda, viaja todo el mundo colgado, frecuencias chotas. Una vergüenza como transporte.

4. Le hago una mención especial a los taxis, que a pesar de no ser un transporte público, son unos hijos de mil puta. La puteada es pura y exclusivamente por el precio.

Bueno, se fue la primera pija de la vida. Obviamente, habrá muchas más.


Bonus track: El viejo/a o la embarazada a la que le dejás el asiento y te caga ese ratito de sueño. Alto pijazo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El primer obstáculo.

Paradójicamente, la idea para el primer post surge de, justamente, pensar qué escribir. No porque no se me ocurriera algún tema en particular, sino porque me puse a pensar algunas cuestiones relacionadas con lo que busco en un blog como lector, y como plasmar eso como "escritor".
Como lector, considero claves los siguientes aspectos:

1. Que esté bien escrito. Parece una obviedad, pero no es fácil encontrar gente que escriba con propiedad, que encare temas variados desde una perspectiva interesante y que se exprese de una forma que sea amena y de fácil lectura.

2. Relacionado con el ítem anterior, se desprende el "de qué hablar", motivo de esta entrada. Pensando en esto, llegué a la conclusión de que en mi caso, no me atrae tanto un blog "temático". Por esto, en este blog voy a escribir, basicamente, lo que me pinte en el momento. A veces algo cotidiano, a veces algún pensamiento más "profundo".

Así que nada, a medida que vayan surgiendo ideas las cuales me den ganas de elaborarlas por escrito, irán apareciendo nuevas entradas que espero ustedes consideren amenas, de fácil lectura, que les de algo para pensar o lo que sea que busquen cuando leen a algún desconocido en un blog.


Me despido, hasta la próxima marea (?)