7 años. Casi 1500 heridos. 194 muertos. Se cumple un nuevo aniversario de la tragedia de Cromañón, y al pensar en lo que pasó, tengo una rara sensación de que tanto fue hace muchísimo tiempo, como que también fue hace muy poco. Lo cierto es que, a pesar de que nos vamos acercando a la década, muchas heridas siguen abiertas.
Como parte del proceso curativo, de esa búsqueda por cerrar las heridas, uno busca culpables. Necesitamos ponerle caras a la desgracia, ver a alguien pagar por lo que le pasó a un ser querido. Nivelar la balanza. En este caso, cuando se habla de culpables, hay nombres que vienen instantaneamente a la cabeza: Patricio Pato Fontanet, Omar Chabán, Aníbal Ibarra. Lo que tal vez no viene a la mente es otro factor, indirecto pero determinante, que tiene un alto grado de responsabilidad en esta tragedia, así como también en muchas otras.
Ayer por la noche, perdiendo el tiempo en Twitter, me topé con unas observaciones que hizo @AdelfaIsNotDead con respecto a Cromañón. Cito textualmente algunas de ellas:
"7 años de Cromañon. Estaría bueno que algún día se debata en serio la responsabilidad de los que fomentaron la cultura del aguante".
"Se fomentó la irracionalidad camuflado de "folklore" y si no eras irresponsable entonces eras boludo. La culpa sigue siendo de los otros...".
"Y aunque duela también es culpa del público del rock. Ibamos en una espiral que iban a tirar molotovs si una banda lo pedía".
Al leer esto, no pude evitar detenerme a pensar en esto de la "Cultura del Aguante". La vemos todo el tiempo: en la calle, en la cancha, en los recitales, en los boliches, en bares. La vemos en todos: chicos, adolescentes, grandes. Lo increíble de este fenómeno, es lo arraigado que está en toda la Sociedad, ya que no discrimina por raza, por clase social, por edad, ni ningún otro factor.
La Cultura del Aguante es esa competencia por ser el más heavy, el que más se la banca. En realidad es una forma primitiva de buscar aceptación y status entre los pares y, de esa forma, levantar la estima propia, pero esta no es la interpretación popular de tener aguante.
Las hinchadas intentando demostrar que son las más pesadas, a las que más se les debe temer, y de esta forma dejando muertos en el camino y arruinando al fútbol. Los adolescentes, cagándose a trompadas en la calle a la salida de un boliche, porque querer arreglar las cosas hablando es de cagón, pero patearle la cabeza a alguien que se cayó, no. Ladrones asesinando a alguien para robarle, por el simple hecho de tener un arma y no tener miedo de usarla. Mismo los chicos que terminan totalmente quebrados de alcohol a pesar de que tal vez no les gusta, pero no pueden decirle a sus amigos que no quieren tomar por miedo a la no aceptación. Pensando en estas cosas, es imposible no ver cómo esto tuvo responsabilidad en la tragedia de Cromañón. Porque el público de rock está lejos de ser ajeno a estas actitudes.
Esta Cultura es fomentada por todos, combatida por pocos y ya forma parte de nosotros como una faceta más de nuestra personalidad. Se instaló como una forma más de ejercer supremacía sobre el resto, de ser respetado. Mientras que no haya conciencia de esto, tragedias seguirán pasando y las seguiremos lamentando.
Hoy, Patricio Fontanet tiene una banda llamada Casi Justicia Social. Omar Chabán fue condenado a 8 años de prisión. Aníbal Ibarra sigue en la política. Y la Cultura del Aguante también sigue, caminando entre nosotros, adentro nuestro y cobrándose víctimas mientras crece.
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