Uno a veces se hace preguntas existenciales. No necesariamente en un plano demasiado profundo o inherente a los humanos como raza, plano filosófico si se quiere, sino relacionadas a cuestiones del plano personal. Ejemplos como "¿Qué voy a hacer con mi vida?" o "¿Qué estoy haciendo con mi vida?", las cuales son claramente diferentes, son las primeras en venir a mi cabeza, lo que supongo que las hace típicas. No es ninguna de esas dos preguntas que usé como ejemplo la cuestión sobre la que me quiero explayar.
Al finalizar de ver la película "Melancholia", de Lars Von Trier, me quedé pensando en otra pregunta, también aplicable a este plano personal:
"Si me muriera hoy, ¿qué hubiera logrado en mi vida?"
La diferencia fundamental entre las dos preguntas que había usado como ejemplos y esta pregunta central, es que en las primeras dos hay una completa incertidumbre mientras que la última es simplemente un proceso evaluativo. A lo que me refiero con esto es que el tono retórico de las dos primeras implica que, claramente, no sabés lo que estás haciendo o lo que vas a hacer con tu vida. Por otro lado, preguntarte qué lograste hasta hoy, es meramente evaluar los hechos más sustanciales de tu vida, tus logros, lo que te hizo feliz, si se quiere.
Entonces, mientras me preguntaba esto de mis logros, se me ocurrió extrapolar y convertir la pregunta personal en ese tipo de pregunta del plano filosófico al que hacía referencia al principio. Ese proceso me llevó a la siguiente pregunta:
"Si el mundo se acabara hoy, ¿cuántos estarían satisfechos con lo logrado en sus vidas?"
Ahora, no se si es por propio pesimismo, por error o por algún otro factor, pero se me ocurrió que la respuesta sería que no muchos lo estarían. Y al pensar en un por qué, llegué a una idea que puede ser cierta o no, pero que tendría un optimismo innato en ella.
Esa idea es que no alcanzamos ese nivel de satisfacción porque no podemos evitar poner en la balanza nuestros logros contra los logros ajenos. Y esta comparación pone en "desventaja" a la mayoría, porque son muy pocos los que cambian el mundo, los que salvan una vida. Con tanto peso del otro lado, ¿cómo inclinás la balanza para el lado de la satisfacción?
Como conclusión relacionada, pienso que estaríamos mucho más satisfechos si, en vez de compararnos constantemente, menospreciando nuestros logros porque alguien hizo algo mejor, lográramos simplemente valorarnos por lo que somos, por lo que hacemos bien y para bien, y así seríamos mucho más felices. Si en nuestra balanza pusiéramos nuestros logros contra nuestros errores, seguramente seríamos muchos más los que, si el mundo se terminara hoy, nos iríamos tranquilos por nuestro desempeño durante el tiempo que nos tocó vivir.
Hasta la próxima marea.
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